Contexto social y religioso. El Islam.

Como sucede con el cristianismo, el Islam pertenece a una nueva generación de religiones que no tiene una base tribal, sino que se dirige al individuo. Pero quizás va más lejos en su ruptura con las viejas fórmulas religiosas al suprimir el sacerdocio o, lo que es lo mismo, predicar el sacerdocio universal. La liturgia, por tanto, se reduce a la oración individual y su instrumental sencillamente no existe. Una fe de contenidos simples y abstractos a los que corresponderá un arte que se puede definir con los mismos adjetivos. Mahoma asumió la tradición monoteísta hebraica, incluyéndose él mismo en la nómina de profetas como el último y definitivo portavoz del mensaje divino. Como otros profetas, la tradición refiere su ascensión al cielo desde una roca situada en el lugar donde estuvo el templo de Salomón. La construcción de la Cúpula de la Roca (669) constituyó, pues, un gesto de apropiación simbólica de un lugar sagrado para judíos y cristianos, reafirmando con ello el carácter superador que tenía el Islam en relación con la tradición judeocristiana. Mahoma se considera, por tanto, un profeta divino que viene a culminar la labor de los profetas del antiguo Testamento hebreo y del propio Jesucristo.
Mahoma es un coreichita de La Meca y desde muy joven se dedica al comercio, despreciando a los nómadas del desierto. Su mente estaba impresionada por la barbarie de los árabes y por el pasado esplendor de las culturas sabeas, de las cuales La Meca era un eco apagado. Como todos los semitas se siente empequeñecido ante Dios. Esta pequeñez humana ante el poder absoluto de Dios es quizás un resultado natural de la psicología del desierto (en el que han surgido todas las grandes religiones monoteístas).
Mahoma acepta el monoteismo hebreo y cristiano (las religiones del Libro, la Biblia), como base de su nueva religión.
El Dios de los árabes recibe el nombre de Alá. Las revelaciones en forma de máximas o aforismos que Mahoma recibía cuando caía en éxtasis, fueron recogidas por sus discípulos y recopiladas bajo el título de Al-Koram. Este libro recuerda el Talmud judío y los Evangelios apócrifos. La doctrina de Mahoma es muy sencilla. Un monoteísmo universal reducido a sus elementos más simples. La vida futura (el paraíso) que promete esta religión está dibujada con imágenes materiales, especie de dibujos placenteros u horribles de fácil captación para los rudos beduinos del desierto. Sus preceptos no pueden ser más simples: hermandad, ayuda mutua y limosna, en el campo social; abluciones, oración (cinco veces al día en dirección a La Meca) y prohibiciones dietéticas, en el campo individual. Mahoma siguió fiel a la peregrinación a La Meca y a la “Piedra Negra”, que se interpretó como un anticipo de la revelación monoteísta. Abraham fue considerado fundador de la Kaaba y se entroncó la religión musulmana desde el bastardo Ismael, separándola de la descendencia de Isaac, que dio lugar al pueblo hebreo. El nombre que tomó esta religión, Islam, significa “abandono a la voluntad de Dios” y resulta significativa de la esencia providencialista y fatalista de estas creencias. Los fieles del Islam, se llaman “muslimes” o musulmanes (sometidos). Mahoma concibe la “Guerra Santa” (Yihad) como una forma de combate interior e individual contra el mal, pero también como un medio para facilitar la expansión del Islam a través de las armas. Se siente un instrumento fatal en las manos de Dios, llamado a difundir por todo el mundo su religión, por la fuerza incluso si era rechazada. El entusiasmo religioso que despertó esta religión, uno de cuyos ideales era morir en combate, hizo invencible al ejército árabe en los primeros tiempos. En la actualidad el auge del integrismo islámico (la variante más fanática del Islam) ha revitalizado este entusiasmo a través de los terroristas suicidas que, al morir en combate según su propia percepción, se convierten en mártires y, por tanto, van directamente al paraíso islámico.
El Corán no es sólo un libro religioso, sino que regula toda la vida musulmana y es el código fundamental de los musulmanes. Está dividido en 114 Suras o apartados. El otro libro que recoge la tradición es la “Sunna”, recopilada por el teólogo Al-Bochari. Las obligaciones de los musulmanes son el ayuno, prescrito desde el alba hasta la puesta del sol, durante el mes del Ramadán, noveno mes del año lunar árabe; la limosna y la hospitalidad para con todos los musulmanes y los extranjeros; la ablución (limpieza y purificación), la oración cinco veces al día y la peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida, de todo musulmán piadoso. Permite la poligamia y prohibe algunas comidas, como el cerdo, el alcohol, etc.
Las dos grandes sectas o corrientes musulmanas están relacionadas con las diferentes interpretaciones que se producen del mensaje de Mahoma tras su muerte. La Sunnita u ortodoxa, partidarios de la familia Omeya, aceptaban el Corán y la Sunna. Sus partidarios pertenecían a las clases ricas de Arabia y de los nuevos países conquistados. La Shiíta, no aceptaban la Sunna y creían que la interpretación del Corán (al que añadían un capítulo enalteciendo la personalidad de Alí, yerno del Profeta Mahoma, al que se mitifica), debía de hacerla un personaje, el mejor musulmán, un imán, que debía buscarse entre los descendientes directos de Mahoma. Contaron con el apoyo de las clases populares y eran partidarios de una visión más rigorista de as normas que contiene el Corán; geográficamente enraizaron en el actual Irán, la antigua Persia. Actualmente la mayoría de los musulmanes son sunnitas; los shiítas dominan el actual Irán (donde existe un régimen teocrático controlado por los ayatolahs, el clero musulmán) y están esparcidos por diferentes regiones del próximo oriente.
La expansión del Islam entre los árabes y entre los pueblos que posteriormente se islamizaron, se debió tanto a los frutos de la predicación como a la guerra. Islam en árabe significa sumisión y, generalmente, al sometimiento militar sucedía la conversión religiosa, favorecida por las ventajas socioeconómicas que el nuevo estado ofrecía a quienes se sometían al Islam. Este hecho, junto al perfil igualitario de la comunidad religiosa (Umma), explican su rápida difusión, especialmente entre las clases populares del creciente fértil, primero, y de amplias regiones de las zonas áridas de Asia y África, después.
Los musulmanes copiaron gran parte de sus órganos de gobierno de Persia y Bizancio. El poder central era absoluto y teocrático y descansaba en la persona del “Califa”, que es el jefe político y religioso de los musulmanes. Esta unión del poder político y religioso es uno de los elementos que todavía hoy dificultan la modernización política y social de las sociedades musulmanas, debido a la gran influencia que tiene el clero islámico en todas las esferas de la vida social, política y cultural. El ejemplo reciente del régimen Talibán en Afganistán, o el régimen islámico de Irán, son claros ejemplos de este fenómeno.

Tomado de: http://tom-historiadelarte.blogspot.com/

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